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Diplomacia

Introducción

 

Para acercarnos al mundo de la diplomacia el primer paso es informarnos acerca de qué se trata y para qué sirve. En esta sección intentaremos responder esas preguntas comentando su origen y evolución, señalando sus funciones y estilos y describiendo las cualidades de un diplomático. Para ello tomaremos como base el trabajo de Coulumbis y Wolfe que analiza exhaustivamente estos puntos.

 

Diplomacia: antecedentes históricos

La diplomacia es una de las artes más antiguas del mundo. Existen pruebas de que en la antigua India, China y Egipto se practicaba rudimentariamente y que tales actividades diplomáticas fueron refinadas e institucionalizadas en la antigua Grecia y Roma, donde los enviados se convirtieron en negociadores dejando de ser simples mensajeros. El empleo sistemático de enviados declinó en la Edad Media.

La diplomacia moderna surge en las ciudades-estado del Renacimiento italiano, particularmente en la república de Venecia y los estados de Milán y Toscana.

En los siglos XIV y XV Venecia era un centro comercial cuya prosperidad dependía de la información que obtuvieran acerca de los mercados externos y de la estimación de los riesgos de sus empresas en el exterior. Es así que Venecia desarrolló el primer servicio diplomático profesional y sistemático conocido en el mundo moderno y a partir de allí los Estados empezaron a remplazar a sus enviados transitorios por misiones permanentes al exterior. Mas tarde se establecieron servicios centralizados encargados de las relaciones externas de un país como Cancillerías, Ministerios de Relaciones Exteriores u Oficinas de Asuntos Extranjeros.

En el siglo XVII apareció en Europa un código complejo y bastante dislocado acerca de los procedimientos diplomáticos y protocolo. No fue hasta 1961, en la Conferencia de Viena sobre intercambio de inmunidades diplomáticas, que se firmó un vasto acuerdo que incluía todos los aspectos que tienen que ver con la actividad diplomática.

 

Diplomacia entre los estados

Las pautas establecidas en la Convención de Viena de 1961, estipulan que las relaciones diplomáticas entre gobiernos no se establecen en forma automática sino cuando hay mutuo consentimiento. El primer paso consiste en la presentación de un documento llamado agrement o aprobación por el cual el Estado huésped acepta a los enviados luego de haber averiguado sus antecedentes y si el tipo de actividades que van a desarrollar no se contraponen con los propios intereses. Luego, el nuevo embajador presenta sus "credenciales" al Jefe de Estado en una breve ceremonia.

Algunos de los privilegios de los diplomáticos consisten en la denominada inmunidad diplomática esto implica que se encuentran fuera de la jurisdicción criminal y civil del Estado huésped, como también de toda clase de impuestos. Por otro lado las embajadas son inmunes a las investigaciones aunque se espera que los diplomáticos accedan a estas en forma voluntaria. Si éstos incurren en conductas irregulares pueden ser temporalmente detenidos para ser deportados y juzgados en su propio país. Si inician actividades privadas deben sujetarse a cargas, impuestos y requisitos legales del Estado huésped.

Otro privilegio con que se relaciona a las actividades diplomáticas es con el principio de extraterritorialidad, que implica que el embajador, su vivienda y la propiedad circundante se consideran islas de soberanía del Estado remitente. Sin embargo, actualmente, se ha abandonado esta práctica y los edificios y el personal dependen, aunque en forma relativa, del Estado huésped.

 

Las funciones de las misiones diplomáticas

Entre las funciones de las misiones diplomáticas se pueden distinguir especialmente tres: las funciones de rutina (que tienen que ver con papeles y documentos de ciudadanos del país remitente que residen en el Estado huésped y la asistencia a reuniones sociales o ceremonias), la función de información y negociación que son las fundamentales.

La función de información consiste en la observación y transmisión al país de origen datos referentes a las condiciones económicas, políticas, sociales, militares, etc., destacando la vinculación, riesgo o valor de los mismos para el propio país. A esta información enviada se la denomina inteligencia.

La función de negociación supone, en primer lugar, la transmisión de mensajes entre los ministros extranjeros del Estado remitente y el Estado huésped.. Siendo que esta definición es muy escasa y el tema de la negociación es esencial para la política e instrumentación de la diplomacia, volveremos a él en la próxima sección.

En la actualidad la función del diplomático a cobrado una nueva dimensión. En vistas del proceso de globalización que avanza y crece (sobretodo a nivel económico y de las comunicaciones) los diplomáticos tienen que asumir el nuevo rol de descubrir nichos de oportunidad que generen ventajas al país de origen en, por ejemplo, la venta de bienes y servicios y la inserción del sector privado nacional en el Estado huésped. Esta función está estrechamente relacionada con las tres enumeradas anteriormente: implica la asistencia a reuniones y eventos, la transmisión de información y la negociación de dichas ventajas.

 

Diplomacia secreta o pública

Para Harold Nicolson la diplomacia esta estrechamente relacionada con la estructuración de la política exterior y las negociaciones. Con respecto a la política exterior el debate que plantea es entorno a las ventajas y desventajas de la elaboración secreta o pública de la misma. Algunos de los argumentos que se esgrimen es que en la elaboración pública la opinión pública puede actuar como moderador y equilibrar las ambiciones de los políticos pero, por otro lado, una vez exaltada puede incitar a políticas aventureras que impliquen alto riego. Además, una elaboración pública privaría al Estado del factor sorpresa en las decisiones aunque sus críticos indican que en la era nuclear una "ventaja" como el secreto o la sorpresa incrementan las posibilidades de error.

En cuanto a la negociación, la discusión pasa por quién debe ser el protagonista: el diplomático o el político. Las desventajas del político son que no conoce en profundidad las culturas y estilos de vida de otros países y que, por lo general, buscan triunfos para aventajar a sus adversarios o aumentar el número de electores, mientras que el objeto de una negociación no es la victoria sino un compromiso aceptable, viable y favorable. El diplomático, en cambio, tiene más posibilidades que el político de convertirse en un negociador afortunado ya que cuentan con preparación profesional, información y estudios completos acerca de culturas extranjeras y no buscan el aplauso público.

Nicolson concluye, luego del análisis de ventajas y desventajas, que la elaboración de la política exterior debe ser un proceso abierto y explicable públicamente que deben llevar a cabo los políticos asesorados por diplomáticos. Las negociaciones, por lo contrario, deben entablarse en forma privada, entre diplomáticos y dirigirse a las metas fijadas por los hacedores de la política.

 

Los rasgos de un diplomático eficaz

Nicolson presentan una lista que contiene las siete cualidades que debe tener un buen diplomático que a continuación se reproduce:

* Veracidad, porque contribuye a una buena reputación e intensifica la credibilidad.

* Precisión, que implica certeza intelectual y moral.

* Buen carácter, que implica moderación y sutileza.

* Paciencia.

* Calma, que permite guardar imparcialidad y precisión.

* Modestia, para no dejarse envanecer y jactarse de sus victorias y éxitos.

* Lealtad, a sus gobiernos y hasta al país que los hospeda.

Además de estas siete cualidades esenciales se deben reunir otras que él considera "secundarias" como inteligencia, imaginación, conocimiento, discernimiento, prudencia, hospitalidad, encanto, diligencia, valor y, por supuesto, tacto.

Tomando estas características Nicolson construye ocho reglas para diplomáticos eficaces:

. Suprimir los gustos y los disgustos personales, pensar sólo en los intereses nacionales definidos por el propio gobierno.

. Instrumentar fielmente las instrucciones.

. Comprender las necesidades y los intereses del país huésped sin perder de vista los objetivos del propio.

. Reconocer y evaluar la opinión pública sin dejarse engañar por ella.

. No dramatizar los informes con el objeto de atraer la atención de las altas esferas.

. No ser demasiado receloso.

. No actuar sólo en función del tiempo que se ha de permanecer en el cargo, pensar en los sucesores.

. No desdeñar las costumbres y tradiciones del país huésped, ni las restricciones derivadas del protocolo.

A pesar de que sus reflexiones están teñidas de matices realistas, Nicolson concluye su trabajo convencido de que la diplomacia moral triunfará y afirma, optimistamente, que los diplomáticos del siglo XX han dejado atrás a los rapaces diplomáticos de los siglos XVI y XVII que sobornaban, incitaban a la rebelión, intervenían en forma subversiva en los asuntos internos, mentían , espiaban y robaban.

Para los partidarios de la teoría clásica, el criterio decisivo para el diplomático es la supervivencia y la prosperidad del Estado. Consideran que el conflicto permanece latente y que corresponde a la diplomacia aplazar el momento en que se desate. Deben ser pragmáticos y no idealistas, reservados y flexibles, sagaces y pacientes, aprovechar oportunidades y conocer el punto débil del adversario, pero, sobretodo, ser prudentes.

Para Maquiavelo, padre intelectual del realismo contemporáneo, el objetivo fundamental era la protección del Estado por lo tanto, los fines del Estado justifican los medios, que pueden ser morales o inmorales. Algunos de sus aforismos más populares son:

* Sancionar buenas leyes y respaldarlas con buenas armas.

* Las leyes son los caminos de los hombres y la fuerza es el camino de las bestias, pero no se puede confiar sólo en las leyes.

* Hay que imitar al zorro y al león; el zorro es astuto y sagaz, el león es poderoso y valiente. Entre ser uno u otro, es mejor ser el zorro.

* No confiar en mercenarios.

* Ser prudente. La prudencia es la capacidad de conocer la índole de las dificultades y de elegir como buena la menos perniciosa.

H. Morgenthau, el padre de la Realpolitk, brinda cuatro reglas a las que se debe atener un diplomático para mantener una conducta racional a pesar de la índole anárquica del sistema:

. La diplomacia debe estar despojada del espíritu de cruzada, ya que los diplomáticos dejan de ser pragmáticos y flexibles para adoptar actitudes beligerantes e intransigentes.

. Los objetivos de la política exterior deben definirse en función del interés nacional y ser respaldados por la fuerza suficiente.

. La diplomacia debe considerar la escena política desde el punto de vista de otras naciones.

. Las naciones deben querer comprometerse en todas las cuestiones que no son vitales para ellas.

Los críticos idealistas les cuestionan el uso de la fuerza sin objeto, que no tengan trabas de principios, la separación artificial entre prudencia y moralidad y que consideren como único objetivo la supervivencia y la prosperidad del Estado. Además, afirman que la conducta ajustada a principios es más prudente que la conducta rapaz.

Esta polémica entre realistas e idealistas seguirá durante algún tiempo, cosa que puede desconcertarnos porque, de alguna manera, sentimos la necesidad de alinearnos con alguna de las dos posturas. Sin embargo, como dice E. H. Carr, las teorías políticas sólidas contienen elementos de utopismo y realismo, de poder y valores morales.

 

Bibliografía

COULUMBIS, Theodore y WOLFE, James, Introducción a las relaciones internacionales, capítulo 8 "Diplomacia".

MAQUIAVELO, Nicolás, El príncipe, Colección Literaria Sopena, 5º edición, Buenos Aires, 1960.

MORGENTHAU, Hans, Política entre las naciones, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1986.

NICOLSON, Harold, "The 'Old' and the 'New' Diplomacy", en Politics and the International systems, comp. de Pfaltzgraff, pag. 426.

Material de la Organización de Jóvenes para Naciones Unidas –OAJNU-